Lo que un aula virtual no cubre, y acaba en un grupo de mensajería
Casi todos los centros tienen resuelto dónde dejar el material. Lo que no tiene sitio es todo lo demás: avisar a las familias, saber quién vino a clase, quién ha pagado este mes y quién responde si un padre pregunta qué guardáis de su hijo.
Cuatro huecos que seguramente reconozcas
1. Las familias no tienen sitio
Un aula virtual está pensada para alumnos y profesores. Para que un padre vea algo hay que crearle una cuenta, vincularle a mano cada hijo y que recuerde una contraseña. En la práctica casi nadie lo hace, así que las familias acaban en una lista de correo o en un grupo de mensajería.
Aquí el padre no tiene cuenta ni contraseña. Recibe un correo con cada duda de su hijo, con cada resumen de clase, con cada clase que reserva o cancela y con cada cosa que sube. Cada aviso trae un enlace que no caduca. No se registra, no recuerda nada y lo lee todo.
2. Un grupo no es un sitio para menores
En un grupo de mensajería conviven adultos y menores, los mensajes se editan y se borran, nada queda anclado a una clase y no hay forma de enseñarle a un padre qué se dijo hace tres meses.
Aquí no hay chat. El alumno solo puede preguntar dudas sobre una lección, cada pregunta tiene una única respuesta, y nada publicado se puede editar ni borrar después: ni el profesor ni el alumno. Lo que lee un padre es lo que pasó.
3. El día a día del centro se lleva a mano
Los horarios en una hoja de cálculo, la asistencia en el cuaderno de cada profesor, y a fin de mes alguien sumando clases para saber qué pagar y qué cobrar.
- El horario de cada grupo se pone una vez —«Matemáticas de 4º, los lunes a las 17:00»— y cada alumno lo tiene en su calendario. Si entra uno en noviembre, le aparece desde ese día. Si un lunes es festivo, se quita una vez y les llega el aviso a todas las familias.
- Pasar lista es una pantalla: vienen todos marcados, el profesor desmarca a quien faltó y escribe un resumen que reciben las familias de los que vinieron.
- A fin de mes, cuántas clases ha dado cada profesor y cuántas ha tenido cada alumno en cada curso, con las canceladas separadas por quién las canceló.
- Y quién ha pagado: cada alumno y cada curso, mes a mes, pagado o pendiente, con las clases de ese mes al lado. Los profesores no ven nada de esto.
4. El papeleo se lo come el centro
Si el aula virtual la tenéis vosotros, el cumplimiento es íntegramente vuestro: sin contrato de encargo con nadie, sin la lista de a quién se le ceden los datos, y sin un texto que el padre acepte y quede guardado como prueba.
Aquí hay papel. El tutor legal lee la información antes de crear la cuenta de su hijo y queda registrado qué versión aceptó, cuándo, desde qué IP y con qué navegador. El centro firma un contrato de encargo de tratamiento. Y cuando un padre pida qué guardáis de su hijo, o que se lo borréis, lo saca la dirección de un botón: sus cursos, todas sus dudas con la respuesta, lo que cada profesor apuntó sobre él y cuándo autorizó cada cosa.
La raya que no se cruza
Es lo que hace que un padre se quede tranquilo, y conviene que se entienda antes de nada.
La dirección
Gestiona personas, horarios y cobros, y ve números: cuántos alumnos tiene cada profesor, cuántas dudas lleva sin contestar, cuántas clases se han dado. Nunca el contenido.
Cada profesor
Ve sus cursos y los alumnos matriculados en ellos. Lo de un compañero no le sale: no es una norma interna, es que el campus no se lo enseña.
Cada familia
Lo de su hijo, y nada más. Sin cuenta y sin contraseña.
Y el contador por profesor no es una cámara oculta: cada profesor tiene la misma tabla en su propia pantalla, y ahí pone que es exactamente lo que ve la dirección. Nadie descubre un día que le están midiendo.
Cuatro cosas que suelen preocupar, y están resueltas
Si un profesor se va
Sus cursos, sus lecciones y las dudas contestadas se quedan en el centro. Al darle de baja, el campus obliga a decir en ese mismo momento quién se queda con cada curso, y dice cuántos alumnos arrastra cada uno.
Si un alumno cambia de profesor
No hay cuenta nueva, ni contraseña nueva, ni papel que volver a firmar. Entra donde siempre y ve las dos asignaturas. Cada profesor sigue leyendo solo lo suyo.
Quién da de baja
La dirección, y solo la dirección. Un profesor puede quitar a un alumno de su curso, pero sacarlo del centro lo decide quien responde ante la familia.
Dónde están los datos
Todo lo que identifica a un alumno, en la Unión Europea. La única cosa que sale es hacia la inteligencia artificial, y va sin ningún dato que identifique a nadie.
Lo que el campus no hace
Para que no haya sorpresas en la segunda reunión:
- No hay cuestionarios ni exámenes automáticos, ni banco de preguntas, ni calificaciones calculadas. Si eso lo usáis, el campus no lo sustituye.
- No cobra ni factura. Lleva la cuenta de qué meses están pagados; el dinero lo seguís moviendo vosotros como lo movéis hoy.
- No aloja vídeo. Se incrustan vídeos de YouTube ocultos, sin cookies de publicidad para el alumno.
- La dirección no lee el contenido. Es una decisión de diseño, no una opción que se pueda activar.
¿Lo vemos en quince minutos?
Por videollamada, con un centro de ejemplo ya montado: entro como dirección, como profesor y como familia, y lo ves todo funcionando. Sin presentación.
Estoy dando de alta a los primeros centros a mano, uno a uno, y a cambio voy a pedirte que me digas con sinceridad qué te sobra y qué te falta.
Y antes de firmar nada te mando el contrato de encargo, para que lo lea quien lo tenga que leer.
Quiero verloSe abre tu correo con el asunto puesto. Si no se abre, escríbeme a jx.chauca@gmail.com y te propongo dos horas.
¿Das clases particulares por tu cuenta y no en un centro? Entonces esta otra página es la tuya.